Los difuntos gaditanos romanos hablan desde sus lápidas: un resentido, cuatro magistrados y una mujer de 100 años

Cinuras vivió y murió en el algún momento ignoto de la segunda mitad del siglo I del Cádiz romano. No se sabe exactamente cuándo ni cuánto vivió, por su nombre es posible que fuese un antiguo esclavo, un liberto, que hizo tan buena suerte como para poderse costear un buen enterramiento con lápida. Pero él sí quiso dejar escrito un resquemor para la eternidad: “Ni los más poderosos, ni sus amigos, ni sus seres queridos, le mostraron gratitud”. Su epitafio es uno de los 269 epígrafes que han aparecido de una tacada en la excavación arqueológica de una necrópolis gaditana. Así que a Jacobo Vázquez, uno de los artífices del hallazgo, le gusta pensar que, casi dos milenios después, Cinuras ha “conseguido por fin el reconocimiento” que no tuvo en vida.


